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lunes, 9 de diciembre de 2013

LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ ¿A RAJOY?


[Nuevo artículo en Publicoscopia]


9:09 AM. 10 de diciembre. Palacio de la Moncloa. Reunión del equipo de imagen y redacción del sr. Presidente del Gobierno de España.


[El asesor C, ligeramente bronceado, cuenta sotto voce a la asesora D los detalles del puente pasado en Tarifa]


Asesor C: El viento de levante te vuelve loco. Es ideal para practicar con la tabla, pero no hay quién pueda que con ese endemoniado viento.


Asesora D: Te lo avisé… Buenos días (saluda muy formalmente a los asesores A y B que entran en la sala). (De nuevo al asesor B) Te dije que lo mejor son los parajes, que tú no estás para tanto bamboleo con las olas.


Asesor C: ¿Sabes lo más gracioso? Hubo un momento, tirado allí en la arena, que estaba hojeando la tablet, y, no te lo vas a creer, hizo efecto vela, y me salió volando unos cincuenta metros.


Asesora D: Ja, ja, se lo llevó el viento.


Asesor A: (interviniendo en la conversación ajena)¿El viento se llevó lo qué?


Asesor B: ¿No se titulaba Lo que el viento se llevó?


Asesor A: Era una pequeña broma. El viento se llevó lo que es una película argentina que parodió ese título tan famoso. De él precisamente me he acordado tras oír al MaRaJá  [apelativo cariñoso con el que se refieren al Presidente del Gobierno, sr. Rajoy].


Asesor C: ¿A qué te refieres? Pues cuando dijo que la Constitución no era un corsé.


Asesor B: Tienes unas ocurrencias.


Asesor C: Ya me imagino que visualizaría la escena famosa de Escarlata O´Hara aguantando la respiración mientras la criada negra le aprieta el corsé.




Asesora D: Uhh, por Dios, que se ha imaginado a Rajoy en paños menores y corsé.


Asesor A: Lo peor no era eso. Veía a una joven España asfixiada por el MaRaJá. La criada se llamaba Mammy, por cierto.


Asesor C: Pues unos lo veis como Escarlata, otros como la criada negra. Yo lo veo más bien como el prepotente Rhett Butler, que tan maravillosamente interpretó Clark Gable. Nada más hay que pensar en su actitud a veces chulesca. Le aconsejamos que mirase a la pantalla cuando diese el Mensaje del Día de la Constitución, y nada, erre que erre, mirando al cartel.


Asesor B: Parte de razón sí que tienes. Van los periodistas detrás de él, y dice “Está lloviendo mucho”. Le preguntan por el candidato a las europeas o al PP andaluz, y dice “Tranquilidad, hay que descansar en Navidad”.


Asesor C: Lo que digo. Tan chulo como Rhett diciendo su famosa frase de “me importa un bledo”.
La España recortada le suplica, llora y le pregunta que qué puede hacer, y el MaRaJá como si oyera llover.


Asesora D: Creo que me tendréis que dar la razón. Sigo viendo el parecido con la señorita Escarlata (imitando la voz doblada de la criada). Recuerdo una frase que pronuncia Escarlata y que podemos imaginarnos dicha por el Rajoy de “míseras” (levanta los manos para hacer el gesto de entrecomillado) dietas y gastos.
Es textual: “Me he dado cuenta de que el dinero es la cosa más importante del mundo y no estoy dispuesta a que me vuelva a faltar”.
Y si esto no os basta (le quita la tablet de las manos al asesor C), echad un vistazo al trágico juramento de Escarlata O´Hara.
“¡A Dios pongo por testigo que no lograrán aplastarme!”
Por mucho que le den palos desde las bancadas de la oposición e incluso desde dentro de su partido, él resistirá.
Y termina el vídeo diciendo(0:20): “Aunque tenga que estafar, que ser ladrona,...”.


Asesor B: (con el puño en alto y los ojos vidriosos) “...jamás volveré a pasar hambre”.

Asesor C: (imitando también el gesto de Scarlett)...dijo Arias Cañete limpiándose con la servilleta en la mano.



miércoles, 31 de julio de 2013

LOS ASESORES TAQUICÁRDICOS DE RAJOY

[Nuevo artículo-sainete en Publicoscopia]


11:06 AM. 31 de julio de 2013. Palacio de la Moncloa. Últimos coletazos de la reunión matutina del equipo de imagen y redacción del sr. Presidente del Gobierno de España.

[Entra la  asesora D, quien había permanecido casi media hora fuera en el pasillo atendiendo una llamada personal]

Asesora D: Siento haber tardado tanto. Mi hermana y mi cuñado me invitan a pasarme por su chalet en agosto. Además, me pasaron con mi sobrinita, que ya con ocho años habla por los codos.

Asesor B: Hay que espabilar. El director Jorge Moragas hace dos semanas sufrió un percance jugando al fútbol y se fracturó la muñeca, con lo cual la mano derecha del MaRaJá  [apelativo cariñoso con el que se refieren al Presidente del Gobierno, sr. Rajoy]  no puede escribir el discurso.

Asesor A: [Se dirige a la asesora D] Nada que perdonar. Siéntate. Como sabes, el plan era clarísimo: dedicar la mañana a elaborar individualmente un boceto de discurso del MaRaJá para la comparecencia ante el Congreso. Luego, por la tarde, puliremos y unificaremos las diferentes ideas en una sola. Te has perdido casi por completo la lectura que ha hecho Asesor C, pero no perdamos el tiempo. Si pudieras leer lo que has escrito...



Asesora D: Bueno, la interrupción no me ha ayudado...

Asesor A: Ponte de pie. Así se te oye mejor.

Asesora D: No he tenido mucho tiempo por la llamada. La verdad es que son notas deslavazadas. No me ha dado tiempo de ordenarlas.

Asesor A: Tranquila, estamos entre colegas.

Asesora D: Leo:
“Comparezco ante esta Cámara para solicitar la confianza de la misma”.
[pausa larga, seguida por un silencio venerante en la habitación]
“Estas fueron las primeras palabras de mi discurso de investidura como presidente del Gobierno, y las repito hoy para dejar claro que el 19 de diciembre de 2011 obtuve esa confianza del Congreso de los Diputados. No tengo, pues, que demostrar nada ante la bancada de la oposición”.

           [Aplauso irrefrenable del asesor C, mientras que el resto asiente con la cabeza]

Asesora D: Gracias. Con esta introducción he pretendido subir la moral de los ultras del Grupo Popular. Pero hay que contentar a todos, también a los más críticos dentro del PP. Sigo leyendo:  
“Di mi total apoyo, cuando alcancé el liderazgo de mi partido, a aquellos que ya se encontraban trabajando para y por el partido, incluido el entonces tesorero”.
[La asesora D sigue leyendo sin saber quién es el que la ha animado con un “Muy bien”]

“El señor Egabrense era un dandi mitómano de los Mercedes y las corbatas Gucci, pero mire para otro lado. Confundí mitos de la política con realidades de la política; los tiempos dorados del ex presidente sr. Aznar me obnubilaron y pensé que podríamos repetirlos guiado por las manos de expertos de aquella época, como el señor Egabrense.
“Cuando comenzó a desmadrarse, le di mi toque de atención característico: “un poquito de por favor”, le advertí. Ni caso; siguió igual que siempre. Perdí mi tolerancia hacia sus tejemanejes cuando me enteré de las cuentas en Suiza, y dejé de enviarle mensajes por el móvil. Al libre mercado de la prensa vendí mi tocino (por no llamarlo chorizo) y se lo llevó Pedro Jota, porque yo no quise ceder a ningún chantaje. Me redimí torpemente porque le puse todo el asunto en bandeja a los partidos de la oposición.
[La asesora D deja encima de la mesa uno de los folios y continúa]

“No es baladí mi tope salarial, pero yo no vine a la política a enriquecerme; eso sí, todos tenemos caprichos: yo envidiaba los trajes de Camps y las gafas que usaba Steve Jobs.
Un titirimundi, mi tolerante abuelo decía que era el mundo de la política. Un cajón donde los títeres pegan saltos porque arriba hay unos, los grandes empresarios, que mueven los hilos.
¿Que yo no hago nada? ¿Que no mando nada? ¿Que no doy la cara? Gandhi, mi tótem de la política del siglo pasado, es el apóstol de una gran idea: la  no-acción, la resistencia pasiva. Yo soy un discípulo suyo. Él consiguió la independencia de su país del Reino Unido; yo modestamente pretendo lo mismo respecto de la invasora Merkel”.
[La asesora D pasa nerviosamente los folios, parece que ha perdido el hilo]

Asesor B:  [con lágrimas en los ojos] Ha sido soberbio.

Asesora D: Mi intención ha sido que el MaRaJá pronuncie un discurso que contente a todos los españoles.

Asesor A: ¿Esto va a hacer felices al rojerío, a los sociatas?

Asesora D: Ellos desean que el MaRaJá diga en voz alta: “Dimito”. Y yo lo he colado en las líneas anteriores para que lo diga hasta diez veces.